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CAFÉ DEL ESCRITOR: IDEAS, PASATIEMPOS, MARKETING Y RECURSOS PARA ESCRITORES

El corrector, ese desconocido…

el corrector

El corrector es una mano invisible. Y este es justamente su objetivo: ser invisible. Que su trabajo no se note, que el lector no se percate de los cambios y rectificaciones que ha realizado.

Existen dos tipos de correctores, el de estilo o estilístico y el ortotipográfico. Cada uno colabora en una fase distinta del proceso editorial. El corrector de estilo interviene casi al principio. El corrector ortotipográfico, casi al final.

La corrección de estilo

Una corrección estilística consiste en depurar el original, es decir, el texto que ha redactado el autor. Evidentemente, se asume un riesgo. Corregir no significa alterar o cambiar a capricho. Se trata de hacer retoques para mejorar el texto, pero respetando en todo momento el estilo propio del escritor. Dicho así se comprende fácilmente, pero del dicho al hecho…

En realidad, para hacer correcciones de estilo se requiere mucho criterio. La norma básica es tocar lo indispensable: palabras reiterativas, construcciones sintácticas incorrectas, giros incomprensibles, datos erróneos de fechas, cifras, informaciones inexactas, incoherencias…

Hay que tener en cuenta que el público lector solo realiza un tipo de lectura, mientras que el corrector debe realizar dos. En primer lugar, la técnica, y, a continuación, la literaria. La lectura técnica busca los pormenores. Pero si luego el profesional no relee el texto con ojos de lector, no verá si el texto funciona. Es la prueba del algodón. Una buena corrección debe conseguir que el texto fluya, que se lea solo, sin tropiezos. Si a medio párrafo nos detenemos instintivamente y tenemos que retroceder, algo va mal.

La corrección ortotipográfica

El corrector ortotipográfico, en cambio, se incorpora en los últimos tramos del proceso editorial. El texto ya le llega maquetado y debe ocuparse de las faltas de ortografía, los saltos de línea, la homogeneidad en los tipos de  letra o fuente (negrita, cursiva, redonda, etc.).

Generalmente, hoy día trabaja en formato PDF, pero también puede hacerlo en un archivo Word. La diferencia es importante. En el primer caso, como sabéis, el texto no puede alterarse (las letras no se borran ni se escriben).  Para introducir las correcciones, los profesionales usan un código de marcas y signos, que añaden en el margen de la caja de texto. Estas marcas ya se empleaban antes, cuando se corregía sobre papel.

Si se trabaja en formato Word es más sencillo, ya que el texto es modificable. Y entonces, os preguntaréis, ¿cómo ve el editor las correcciones? Muy fácil, con la herramienta “control de cambios”.

Trabajar como corrector

Cuando alguien piensa en el mundo editorial le viene a la cabeza una novela, un cuento o cualquier obra estrictamente literaria. Sin embargo, conviene precisar que “libro” es todo producto impreso formado por varias páginas encuadernadas que edita un editor (a pesar de la última tecnología de los libros electrónicos). Existen muchos más tipos de libros que los de ficción: libros técnicos, libros de texto…

En función de la tipología, el corrector deberá enfrentarse a un sinfín de dudas y cuestiones por resolver. Puesto que un corrector no es un experto en todas las materias, le será indispensable realizar varias consultas de todo tipo: terminológicas, de datos…

Es fundamental comprender ─y asumir─ que tener oficio y experiencia no garantizan un dominio absoluto ni una seguridad plena. Este oficio no se domina nunca. Y eso es así por varias razones. En primer lugar, por falta de conocimientos. En segundo lugar, porque la lengua está viva, es cambiante y está sujeta a reformas, variaciones, incorporaciones y revisiones. En tercer lugar, porque el corrector siempre se encuentra ante el espejo de la duda, preguntándose: “espejito mágico: ¿esta frase la dejo así o la cambio?”

Si un corrector trabaja en plantilla formando parte del personal de la empresa le será más fácil consultar a los compañeros. Pero no olvidemos que muchos profesionales son autónomos ─modalidad que, en la coyuntura actual, seguirá una tendencia creciente. Y entonces sí que uno se siente solo ante el peligro. Es cuestión de tener muchos recursos y ser versátil.

Permíteme un consejo: si quieres trabajar como corrector de textos, no te dejes abrumar por las dudas. Tampoco te dejes arrastrar por la pereza. Ama la lengua,  haz todas las consultas que sean necesarias y disfruta aprendiendo.

Pero no te hagas ilusiones, este no es un trabajo lucrativo. Si trabajas en plantilla, evidentemente percibirás un sueldo fijo y estable. Pero si eres autónomo sufrirás muchos vaivenes. Hace un momento te comentaba la necesidad de ser versátil. Esta flexibilidad inunda todos los campos: horarios, ritmo y volumen de trabajo, ingresos. Es un sube y baja, y solo hay una solución: trabajar para varias empresas, ya sean editoriales o empresas de servicios editoriales ─cuidado, ¡no es lo mismo! Pero conseguirlo puede costar muchos años.

Correctora Anónima

Este post es una colaboración de una correctora profesional que ha querido compartir su visión de lo que es el trabajo de correctora hoy en día, pero que prefiere mantener el anonimato, ya que por defecto, su trabajo suele ser invisible…

Esta entrada tiene 7 comentarios

  1. Hola, gracias por tu texto. Me gustaría preguntarte a ti como correctora, cuál podría ser un buen regalo para alguien que quiere prepararse en la corrección de estilo. Te agradecería mucho tu respuesta.

    1. Hola, Ana Laura

      Existen varios centros de formación de correctores, pero este año, a causa de la situación sanitaria, se ha reducido bastante la programación didáctica.
      Actualmente, lo más aconsejable es seguir cursos virtuales. Si más adelante se organizan presencialmente, mejor. Claro que eso depende del lugar de residencia de la persona interesada y de sus posibilidades de locomoción.
      Te indico la dirección de un centro de la máxima confianza que está especializado en el sector editorial. Si entras en su página web encontrarás una amplia gama de cursos, talleres y seminarios clasificados en distintos campos: edición, corrección, traducción, maquetación, etc.
      Este centro está en Madrid. Antes también tenía una academia en Barcelona.
      Su dirección es: http://www.calamoycran.com
      Un saludo,
      Ester

  2. Hola buenos días cuanto cobra por hacer una corrección ortopografica de una novela de 52111 palabras ocupo el servicio de urgencia gracias

  3. Hola, correctora anónima.
    Me ha, gustado mucho tu texto, pero le encuentro un fallo: la rapidez que normalmente te exigen impide ser realmente pulcro y detallista. Para los que amamos el idioma y nos gusta ser perfeccionistas es bastante frustrante.
    Por otro lado está el precio irrisorio que acostumbran a pagar.
    En fin, creo que es un trabajo bonito, pero no está suficientemente valorado. Si los libros salieran sin corregir, creo que muchos autores no recibirían los premios y elogios que reciben.
    Un cordial saludo de una correctora anónima

    1. Hola, Carmen,
      Por tu comentario deduzco que somos “compañeras de fatigas”.
      Suscribo tu punto de vista, pero con un matiz. Creo que la sensación de no alcanzar la perfección no es un sentimiento exclusivo de nuestra profesión. Denota amor y vocación a un oficio y sentido de responsabilidad, y esto, en principio, es bueno.

      Yo tengo la costumbre de no presentar un encargo hasta que no siento lo que yo denomino el “sí interior”. Es una vocecita que me habla y me susurra: “sí, adelante”, o bien “no estoy convencida”. ¿A ti no te ocurre? Es como una intuición, un semáforo que enciende una luz verde o roja, que te da el pistoletazo de salida, o, por el contrario, te pone un Stop para que te detengas y revises el texto una vez más. Lo cierto es que esta vocecita me da tranquilidad. Y una vez revisado y entregado el texto, lo dejo en manos del editor o del cliente.

      En cuanto al estilo de los escritores, creo que correctores y autores tenemos cometidos distintos. Es cierto que los originales contienen muchos errores que hay que depurar (de eso se trata). Pero si un autor o una autora no hubiera derramado primero su creatividad, su técnica y su esfuerzo, si no nos hubiera regalado el fruto de su talento, no habría literatura.

      Un saludo,
      Ester

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